¿Qué distingue la investigación en artes visuales?
En los últimos años he leído trabajos de grado de estudiantes de la Licenciatura en Artes Visuales en los que se analizan telenovelas, publicaciones de Facebook, memes e imágenes de la actualidad social o política. Algunos trabajos son bastante interesantes y están muy bien elaborados. Sin embargo, en varios de ellos la palabra arte no aparece mencionada en todo el texto. Esta situación me ha llevado a preguntarme si una investigación pertenece efectivamente al campo de las artes visuales por el solo hecho de estudiar o analizar imágenes.
Una telenovela puede estudiarse desde la sociología, atendiendo a las relaciones sociales que representa; desde la semiótica, examinando sus sistemas de significación; o desde los estudios culturales, interrogando los imaginarios que pone en circulación. El objeto puede ser el mismo, pero cada disciplina lo somete a preguntas propias y establece procedimientos para construir conocimientos específicos a partir de él. Existe una perspectiva reconocible desde la cual cada disciplina observa e interroga su objeto, y esa perspectiva posee una especificidad que no puede sustituirse sin más por la de otro campo.
Cuando trabajamos desde las artes visuales, esa perspectiva parece diluirse en muchos casos. Se diría que basta con estudiar y hablar de «imágenes en la cultura» para que una investigación se considere propia de las artes, independientemente de las preguntas que formule, de la perspectiva adoptada o de las operaciones que proponga. La amplitud de los objetos de estudio termina produciendo una indefinición sobre el tipo de conocimiento que se pretende construir desde nuestro campo. Algunos recurren a la expresión investigación basada en artes para resolver esta dificultad, aunque tampoco siempre resulta claro qué significa allí basada en artes: ¿se refiere a una investigación que incorpora procedimientos artísticos o basta con invocar las artes sin que medie operación artística alguna? Así, una investigación puede analizar memes como documentos políticos, imágenes publicitarias como dispositivos ideológicos o fotografías periodísticas como representaciones de la realidad y, sin embargo, ser considerada una investigación en artes visuales sin que resulte evidente qué hay en ella de específicamente artístico.
La elección de los objetos no constituye necesariamente el problema. Cualquier tema puede dar lugar a investigaciones pertinentes en artes. La dificultad consiste en determinar desde qué perspectiva se lo estudia. ¿Qué preguntas permiten reconocer la especificidad de una investigación en artes visuales? ¿Qué operaciones, vinculadas con las prácticas artísticas, se movilizan para responderlas? ¿Qué conocimientos se producen que no puedan reducirse a los que ofrecen otras disciplinas?
Si entendemos que una parte fundamental del conocimiento artístico se produce mediante los procesos de creación y configuración de imágenes, la relación entre estos procesos y el objeto de estudio adquiere una importancia decisiva. Un meme, una secuencia televisiva o una fotografía periodística pueden introducirse en la práctica artística como materiales susceptibles de elaboración visual, transformación, desmontaje y reconfiguración. La imagen deja de ser únicamente un documento cultural que se interpreta desde fuera y se convierte también en un campo de operaciones que se exploran mediante los saberes propios de la creación artística: el dibujo, la pintura, la performance, la instalación, el montaje u otros procedimientos de configuración visual. La práctica funciona aquí como un laboratorio: el objeto se somete a la experimentación visual, se alteran sus relaciones y se examinan las posibilidades que emergen de esas operaciones, tanto en el plano formal como en el conceptual.
Esta aproximación tampoco convierte automáticamente cualquier ejercicio práctico en una investigación artística. La experimentación requiere una organización racional que permita examinar las decisiones tomadas, reconocer sus consecuencias y formular nuevas preguntas a partir de los resultados obtenidos. La intuición interviene en la creación, pero la reflexión sobre el proceso permite elaborar sus hallazgos, incluso los imprevistos, como conocimiento. La especificidad de la investigación en artes visuales podría encontrarse precisamente en esta relación entre experimentación creativa y reflexión crítica: el objeto se investiga mediante operaciones que lo transforman y que, al hacerlo, permiten descubrir aspectos que no eran evidentes antes de la intervención.
Esta distinción tiene implicaciones fundamentales para la pedagogía y la didáctica de las artes. Si la formación artística pretende desarrollar conocimientos relacionados con la creación y configuración de imágenes, su enseñanza debe propiciar situaciones en las que los estudiantes puedan experimentar con procedimientos artísticos, reconocer problemas visuales y comprender las consecuencias de sus decisiones. Del mismo modo, una investigación pedagógica en artes visuales debería examinar cómo se construyen esos conocimientos y qué condiciones permiten su aprendizaje. La reflexión sobre la enseñanza adquiere así una relación concreta con los saberes que se enseñan y con las operaciones mediante las cuales se desarrollan.
La cuestión es epistemológica. Si no podemos reconocer con claridad desde dónde se investiga en artes visuales, tampoco podremos establecer qué conocimientos debería adquirir un estudiante durante su formación ni qué criterios permiten evaluar su trabajo de grado. La expansión del campo artístico habrá ampliado el universo de sus objetos, pero dejará pendiente una pregunta fundamental: ¿qué podemos llegar a conocer sobre las imágenes cuando las investigamos mediante las operaciones propias de la práctica artística?