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La creación artística como poética de lo extraordinario

 La creación artística como poética de lo extraordinario


Hay obras que nos introducen en mundos cuya existencia parece obedecer a leyes desconocidas. Su poder nace de una experiencia sensible que persiste después de haberlas visto o escuchado, como si hubiéramos entrado por unos instantes en una región de la realidad que hasta entonces permanecía oculta. I Inside the Old I Dying, de PJ Harvey, y Redoubt, de Matthew Barney, ofrecen dos ejemplos singulares de esa capacidad del arte.

En la canción de Harvey, la voz parece llegar desde un territorio remoto, poblado por niños, animales, vegetación y presagios de muerte. Las imágenes tienen la sencillez inquietante de los cuentos antiguos, cuando el mundo todavía podía estar habitado por fuerzas primigenias. La melodía envuelve las palabras en una atmósfera de dulzura y desasosiego. Escuchar la canción es aproximarse a una naturaleza en la que la vida y la desaparición participan de un mismo misterio.

Redoubt nos conduce a otro universo. En sus montañas nevadas, los cuerpos se desplazan con la solemnidad de un ritual; la caza y la observación adquieren una dimensión casi mítica. Matthew Barney concede a los gestos una duración que nos obliga a abandonar la impaciencia habitual ante las imágenes. El paisaje deja de ser un escenario y parece imponer sus propias condiciones a quienes lo recorren. Los procedimientos de grabado y galvanoplastia prolongan la acción cinematográfica en la materia: las imágenes atraviesan procesos físicos que las inscriben, las alteran y les confieren otra existencia. La película posee la extraña belleza de un rito cuyo significado intuimos sin llegar a descifrarlo por completo.

En ambas obras, la fuerza poética surge de decisiones concretas. La voz de Harvey, con sus inflexiones y su cadencia, hace que las palabras parezcan descubrir un idioma olvidado. En Barney, la duración de una acción transforma un gesto en acontecimiento y vuelve enigmática la presencia de un cuerpo en medio de la nieve. La experiencia se construye mediante el trabajo con los recursos de cada lenguaje; las interpretaciones aparecen a partir de ella y permanecen abiertas.

En Harvey y Barney, las referencias mitológicas y naturales adquieren potencia gracias a su transformación artística. Su presencia no garantiza por sí misma la calidad de una obra. Importa la manera en que llegan a convertirse en música, imagen y acción, hasta configurar un mundo que parece poseer una vida propia.

Aprender a crear exige desarrollar una sensibilidad para los problemas de cada lenguaje y adquirir los conocimientos que permiten afrontarlos. La práctica hace posible descubrir relaciones plásticas imprevistas, corregir decisiones y encontrar formas que no estaban disponibles al comienzo. La enseñanza artística puede propiciar ese descubrimiento.

El arte produce formas de experiencia que ensanchan nuestra percepción de un mundo limitado por los juegos de poder. Comprender cómo llegan a existir esas formas constituye una tarea esencial del artísta: atender al trabajo mediante el cual una canción nos devuelve a un tiempo remoto o una película convierte un paisaje nevado en un territorio de misterio.

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