El lugar de la práctica artística en la Licenciatura en Artes Visuales
La malla curricular de la Licenciatura en Artes Visuales de la UPN tiene 144 créditos. Los espacios directamente destinados a la producción artística —Imagen bidimensional, Proyecto: Imagen, Tridimensionalidad, Proyecto: Espacio, Cuerpo y corporalidad, Proyecto: Cuerpo, Imagen en movimiento y medios y Proyecto: Tiempo— suman 20 créditos, aproximadamente el 14 % del programa.
El problema también está en la secuencia de la formación. Desde los primeros semestres aparecen espacios orientados a la teoría de la pedagogía del arte y a la interpretación de la imagen, el arte y la cultura, antes de que el estudiante haya desarrollado una experiencia práctica y artística suficientemente amplia.
En una formación artística, las asignaturas centradas en la interpretación, la historia o la conceptualización del arte es más lógico que aparezcan gradualmente a medida que se desarrolla una práctica sostenida. La experimentación con materiales y procedimientos, el enfrentamiento de problemas formales y la construcción de una experiencia creativa propia constituyen la base sobre la cual puede desarrollarse progresivamente una reflexión más compleja acerca de la teoría, la pedagogía y el arte.
La práctica artística no es solo un componente más dentro de la formación: debería constituir su núcleo. Es mediante una práctica sostenida que el estudiante aprende a trabajar con materiales y procedimientos, enfrenta problemas que no pueden resolverse únicamente desde la teoría, desarrolla criterios y descubre posibilidades en la creación visual. Esa experiencia es también la que permite comprender desde dentro aquello que posteriormente se interpreta, se conceptualiza y se enseña.
La formación de un artista-docente requiere continuidad. Una práctica prolongada permite acumular experiencia, enfrentar problemas formales y materiales, desarrollar procedimientos, construir criterios propios y comprender cómo puede enseñarse aquello que se aprende en la práctica.
La malla plantea aproximaciones sucesivas a dimensiones como imagen, espacio, cuerpo y tiempo, pero ofrece poca continuidad en prácticas artísticas específicas. El traslado del dibujo, la pintura y otras prácticas fundamentales al campo de las electivas profundiza esta discontinuidad: conocimientos que deberían constituir una base común quedan sujetos a las elecciones particulares de cada estudiante.
Estudiar imágenes y hablar sobre arte no equivale a hacer arte. Leer y discutir sobre imágenes, arte, política y cultura es relevante para un licenciado, pero estas actividades no sustituyen la experiencia de creación artística. La formación en artes exige producir, experimentar con materiales y técnicas, enfrentar problemas formales y desarrollar procedimientos a través de la práctica. La teoría puede ampliar y complejizar esa experiencia, pero difícilmente puede sustituirla.
La especificidad de una Licenciatura en Artes Visuales surge precisamente de la articulación entre práctica artística y formación pedagógica. Para enseñar una práctica artística con rigor se requiere haberla conocido desde dentro. Cuando la práctica pierde continuidad y los medios de creación fundamentales quedan relegados a la electividad, la formación artística común pierde densidad y una parte importante de ese conocimiento queda convertida en una elección individual.
La cuestión de fondo es qué lugar ocupa el arte dentro de una carrera cuyo nombre lo coloca en el centro. Si la creación artística no constituye el eje progresivo de la formación, la licenciatura puede terminar formando profesores ampliamente preparados para hablar sobre las artes visuales, la cultura y la política, pero con una experiencia insuficiente en aquello que habrán de enseñar.